Comencé a hacer fotografía a los 11 años, en la era analógica.
Incontables horas de laboratorio en blanco y negro marcaron mi pasión por el detalle, los contrastes de luces y sombras.
A comienzos de la era digital tuve un reencuentro con la fotografía, es ahí donde, a partir de la posibilidades que brinda la tecnología, me vuelco a trabajar el color como nueva regla de juego expresivo.
Una mirada fotográfica puesta en acción buscando capturar esas unidades de sentido que están flotando en la realidad y forman parte del hacer humano.
La polisemia que sugiere mirar el mundo a través de una lente invita a romper los límites de lo comprensible para arrojarnos a la experiencia de la percepción visual, reintegrándola de manera inarticulada.